Este breve ensayo pretende demostrar que buena parte del proceso de formación humana, desde la más tierna infancia, está enmarcada en el afecto, pero también en la violencia, entendida como un proceso racional con fines precisos. Ésta pasa de actos directos y materiales a formas simbólicas que perdurarán durante su educación hasta institucionalizarse. Toda formación social tiene sus propios mecanismos para transmitir su cultura. A este proceso le llamamos educación y está asociado a la violencia.
El presente artículo es el resultado de un proceso de investigación realizado a lo largo de dos años y medio en dicha institución. En él abordo la cuestión a partir de los contextos de violencia contra los estudiantes por parte de la institución de la sociedad, la violencia mediática, la violencia de la institución escolar contra éstos y entre ellos mismos, pero como una forma de interacción, resistencia y llamado de atención a las instituciones mismas. Al mismo tiempo muestro cómo los adolescentes estudiantes crean, a través de sus formas de manifestación cultural, la crítica a la violencia institucional y estructural.
En este artículo se presenta una reflexión a manera de ensayo sobre la violencia que se ha naturalizado de tal forma que aparentemente no hay una toma de conciencia posible. Sin embargo, surge la cuestión ¿es inherente al proceso socializador que vivimos? Pareciera que hemos pasado desde la imposición de la ley, de la delimitación de fronteras en nuestro actuar hacia la anulación del sujeto de deseo.
Como humanidad hemos logrado la liberación en muchos aspectos. Existe la ilusión de tomar la vida en las propias manos, a la vez que, paradójicamente se nos demanda ser socialmente adaptados, ser normales, se penaliza la diferencia, se crean los no lugares, las modas, hay una clonación social que produce un vacío. Los vínculos van incorporando la violencia como forma de ser, ésta actúa silenciosamente, bajo la forma de violencia pasiva, que pretende el acallamiento de lo individual, de lo singular.
El presente trabajo tiene un propósito mínimo. Entretejer la lectura de una carta freudiana “¿Por qué la guerra?” con tres apoyos. El primero, un texto: la editorial del El Diario, del 20/09/10 en el que se pide línea al narco, en una ciudad sitiada por la llamada delincuencia organizada. La respuesta, al día siguiente, fue de parte del gobierno.
Segundo, un texto del s. XVI de Chaqui Katari, lider aymara, dirigido a los españoles.
Tercero, una frase de una mujer que estuvo internada en La Castañeda, lugar violento como pocos, y murió en una granja psiquiátrica después de medio siglo de encierro.
Con este material intentaremos hacer una lectura de la situación actual de violencia/cultura que insiste hoy, y mañana también, en mostrarnos una realidad de la que hacemos, también con la misma constancia, una escisión: la violencia es de los otros.
En el presente artículo se muestran las condiciones de producción de la obra performática de las artistas latinoamericanas Lorena Wolffer y Regina José Galindo, quienes en sus propuestas estéticas le otorgan un sentido distinto a los acontecimientos cotidianos de su entorno. Con la finalidad de recuperar la memoria colectiva en el espectador, dichas artistas, por medio de sus cuerpos, visibilizan y representan los conflictos sociales violentos, acaecidos en su presente y pasado histórico.